Nunca perdonaré a quien pude haber sido.
El necio vende su tiempo;
el sabio lo atesora;
el genio lo capitaliza.
Vale muy poco quien solo es de valor para sus coetáneos.
El peligro del necio reside en su determinación;
el del prudente, en su indecisión.
Es frecuente criticarse a uno mismo antes que elogiar lo ajeno.
La mayoría de errores graves son consecuencia de intentar erradicar los errores.
El necio hace de su modelo el mundo;
el sabio hace del mundo su modelo;
el genio hace de su mundo un modelo.
Para admitir que no se sabe, nada como poder permitírselo.
No todo lo que funciona es bello, pero nada que no funcione lo es.
No duelen tanto los trenes que se perdieron como los que nunca llegaron a pasar.