Los tres miedos más aterradores son a la muerte, al fracaso, y a la libertad.
La envidia hace al crítico;
la obra hace la crítica.
Quien piensa bien casi nunca se equivoca;
quien piensa mal acierta cuando importa.
Al sabio se le conoce en la desgracia;
al necio, en la fortuna.
No hay que evitar exhibir los propios defectos, pero sí el reivindicarlos.
Nada es tan vulnerable como la felicidad del que la publicita.
El necio es vulnerable a la crítica;
el sabio, al elogio;
el genio, a la indiferencia.
La confianza es consecuencia de la ignorancia, por algo se la tilda de ciega.
Se piensa demasiado en qué decir, pero no lo suficiente en si se tiene algo que decir.
Cualquiera siente que entiende;
lo difícil es entender que se siente.