La alegría, cuando proviene de la desgracia ajena, no place de la misma manera.
Al necio le interesa lo que los demás saben;
al sabio, lo que él ignora;
al genio, lo que los demás ignoran.
Dos se digieren si uno de ellos traga.
Un grupo de necios nunca elegiría a un sabio como líder;
un grupo de sabios nunca elegiría ser liderado.
No reporta tanta satisfacción lo conseguido como lo no deseado.
El saber no tiene dueño;
la ignorancia sí tiene esclavos.
En tiempos de euforia colectiva, lo audaz es la prudencia.
Quien piensa bien casi nunca se equivoca;
quien piensa mal acierta cuando importa.
La sofisticación es el refugio del alma vulgar.
Vale muy poco quien solo es de valor para sus coetáneos.